Por qué madrugar es una guerra diaria.

Hace poco estaba leyendo el libro Titanes de Timothy Ferris, en el que el autor recopila las mejores entrevistas realizadas en su reconocido podcast The Tim Ferris ShowEn uno de los capítulos del libro entrevista al famoso escritor Brasilero Paulo Coelho, el cual revela algo que me deja perplejo. 

Resulta que Paulo pasa al menos 3 horas recorriendo internet antes de sentarse a escribir. Él mismo reconoce que le es difícil sentarse a trabajar, ya que lo único que se le pasa por su cabeza repetidamente es: que más tarde lo hará.

Esto es algo que siempre lo hace sentirse muy mal.

Coelho vive este episodio de procrastinación durante las mañanas, no obstante, en la tarde decide que ya es la hora de sentarse a escribir al menos 30 minutos para no perder el día.

La gran sorpresa se da cuando la media hora se convierte en 10 horas seguidas de golpeteos a las teclas.

¡Es una barbaridad!

Esta es la razón por la que Paulo Coelho escribe libros tan deprisa, porque después de que se sienta a crear ya no puede parar.

Tener que hacer algo y aplazarlo hasta el cansancio, es la realidad de muchas personas en el mundo y me incluyo en ella.

Cuando esto ocurre me siento como el tipo de la película “Una mente brillante”, en la que el personaje interpretado por Russell Crowe, el matemático John Nash, sufre de alucinaciones causadas por la esquizofrenia, las cuales hacen que vea todo el tiempo a 3 personajes que le hablan constantemente.

Algo que lo atormenta durante toda su vida.

Cuando John Nash toma las píldoras para que se le quieten las alucinaciones, éstas le producen un efecto secundario, debido a esto no puede pensar con claridad, por tal razón, no puede trabajar en sus postulados matemáticos.

La solución que encuentra a su problema es, no volver a tomar más la medicina y decidir ignorar para siempre a sus amigos imaginarios para que lo dejen en paz.

Así me siento yo, como si alguien estuviera cerca de mí todo el tiempo hablándome y persuadiéndome para no hacer aquello que es importante en mi vida.

Un ejemplo claro de esto para mi es madrugar.

Pongo el reloj a las 5:30 am para comenzar con mi rutina.

El celular suena gritándome que me levante, pero hay algo más poderoso que yo diciéndome con una vos aún más fuerte que la del Smart-cacharro-phone, que no se me vaya a ocurrir pararme de la cama.

La vos habla de una forma tan convincente que no la puedo ignorar, es casi seductora la muy bastarda.

En ese mismo instante, empiezo a debatir conmigo mismo si levantarme sea lo que más me conviene en ese instante.

Ten en cuenta que soy independiente y no tengo que madrugar para ganarme el pan de cada día. Esto es algo aún más terrible, porque madrugo por convicción.

Después de casi media hora de tire y afloje, por fin me logro levantar.

En ocasiones me paro inmediatamente de la cama antes de que la sexy vos me hable. Otros días sigo derecho hasta las 7 am.

Es una lucha constante, así como la de John Nash.

En mis años en la universidad me levantaba aún más temprano, ya que tenía que llegar a la clase de las 6 am.

Para lograr el objetivo utilizaba como despertador un radio-reloj, el cual retumbaba sobre el televisor.

Cuando el aparatejo llegaba a la hora acordada, el ruido que emitía era detestable. Hasta tal punto que me levantaba de un salto y caminaba 3 pasos para apagarlo. Después de estar de pie ya no era capaz de volver a la cama.

Era infernal, pero funcionaba.

Tendré que volver a utilizar esta estrategia.

Lo mejor que puedes hacer para levantarte temprano es tratar de dormir tan bien como puedas, recuerda que no es lo mismo dormir mucho y mal, que dormir poco y muy bien. En este sentido la calidad del sueño es algo primordial.

Para ello, es necesario que lleves una buena alimentación y comas por lo menos 90 minutos antes de acostarte.

Aquí también influye el colchón en el que duermes, porque si es de mala calidad, seguro que tus noches serán una mierda. Te lo aseguro.

No puedo olvidar decirte que estoy casado y por lo tanto, despertar más tarde indica que debo despertarme casi al mismo tiempo con mi esposa, la cual va a querer que pase un tiempo más con ella arrunchandome en la cama.

Por cierto… ¡Cuidado es una trampa!

Esta es mi guerra, la guerra diaria para vencer mis enemigos internos, aquellos que no quieren que haga algo productivo.

Lo importante es reconocer que tienes demonios viviendo dentro de ti que no quieren que progreses, esto los hace aún más peligrosos y dañinos.

Cuando los reconozcas debes ver cómo actúan sobre ti y en qué momento buscan emboscarte, así podrás ir un paso adelante para contraatacarlos.

A veces ganarás, otras veces perderás, pero siempre deberás luchar. Así es la guerra de los que queremos ser mejores.

Recordemos a Paulo Coelho, que a pesar de que vaga 3 horas diarias por la red, siempre logra vencer sus demonios y convertir su pereza en arte.

 

¿Y a ti cómo te va madrugando?

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